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México – Tenochtitlan

México – Tenochtitlan

abril 4, 2018 @ 5:35 pm
by HISPANIARUM REGNUM

Si hay un acontecimiento histórico que gustaría revivir, es bajar con Cortés en 1519 de las estribaciones del volcán Popocatepetl y descender con la visión del gran lago del valle de México y al poco, como aquel 8 de noviembre de 1519, llegar a aquella gran ciudad de México-Tenochtitlan. Esos momentos iniciales, previos a los sangrientos y la destrucción posterior, donde simplemente contemplar con estupor y deslumbramiento un nuevo mundo abrumador. Solo las recreaciones artísticas, como las de de Tomás Filsinger, permiten vislumbrar algo de lo que pudieron ser aquellas primeras imágenes.

Los testimonios de asombro y admiración que dejaron aquellos hombres que habían llegado del este, aun fidedignos, se antojan incapaces de reflejar sensaciones que debieron ser realmente indescriptibles. ¡Quién pudiera ahora tener esa visión del lago y de la ciudad, recorrer aquellas calzadas y plazas, subir a las pirámides-templos, pasear por sus calles rectilíneas, asistir a un mercado!

Pero la percepción de Cortés y sus compañeros era también de otro tipo conforme a la época que vivían. No era de un mundo para contemplar sino un mundo que ganar para su rey y su Dios y para sí mismos. Cortés, que tenía estudios latinos, se veía posiblemente como un nuevo César, un héroe clásico, que quiebra las naves y así cruza su Rubicón, que se alía con tlaxcaltecas como César con los eduos en las Galias, o se dirige a los suyos cuando están desalentados y remisos después de la “noche triste”,como César a sus legiones antes de enfrentarse a Ariovisto. Bernal Díaz del Castillo, en su “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, y que fue integrante de la expedición, dirá “otro más venturoso en el mundo no ha habido que Cortés; y tiene tales capitanes y soldados, que se podían nombrar tan en ventura cada uno en lo que tuvo entre sus manos, como Octaviano, y en el vencer como Julio César, y en el trabajar y ser en las batallas más que Aníbal”, enlazando con esos héroes del mundo clásico.

¡Qué combinación más extraña! El mundo clásico redescubierto por el renacimiento europeo descendía de las montañas en forma de hombres implacables, a romper la armonía y concierto en que pretendía vivir el imperio mexica y que resistiría heroicamente, como héroes clásicos también…¡Qué pena que aquel encuentro no pudiera tener lugar de otro modo!

Como señala Hugh Thomas en su brillante “conquista de México”, Cortés hubiera seguramente  preferido no destruir Tenochtitlan y adueñarse de la hermosa ciudad intacta y de ahí su afán posterior en reconstruirla. Hugh Thomas dice que Cortés, con la reconstrucción, “deseaba recrear una de las maravillas del mundo, cuyo esplendor había descrito a menudo en sus cartas a España. Ninguna ciudad de la vieja Europa, pensaba era más bella de lo que había sido Tenochtitlan y convenía reconstruirla en mayor escala todavía”. Sin duda se consiguió, y cuando Humboldt visita ciudad de México a comienzos del XIX seguía siendo la más principal y majestuosa ciudad de todas las Américas, como lo fuera Tenochtitlan en su tiempo, pero ya de otro modo absolutamente distinto.

Y hoy mientras Ciudad de México se ha convertido en una ciudad global, se redescubre la antigua Tenochtitlan de la mano de la arqueología, como con el Proyecto Templo Mayor que ha cumplido cuarenta años (http://arqueologiamexicana.mx)

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