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Pedro Páez (1564-1622). Historia de Etiopía.

Pedro Páez (1564-1622). Historia de Etiopía.

septiembre 1, 2018 @ 10:29 am
by HISPANIARUM REGNUM

En el año 2000, Javier Reverte con su libro “Dios, el Diablo y la Aventura” redescubrió a Pedro Páez, el jesuita español que en el siglo XVII fue a Etiopía a ganar aquel territorio para el catolicismo, en lo que fue una formidable aventura que le llevó además a ser el primer europeo en visitar o, al menos, dar cuenta y describir por primera vez las fuentes del Nilo Azul, como relata magistralmente en su libro Historia de Etiopía.

Estamos todos en deuda con Javier Reverte por ello. Sin duda, es también gracias a esto que en 2014, Ediciones del Viento, editó por primera vez en castellano su Historia de Etiopía, que solo conocía una edición en portugués, lengua original del manuscrito, de 1945.

Etiopía es un lugar singular. Hay quien dijo que África se dividía entre el norte musulmán, el África negra y aparte quedaba Etiopía. Único país que no tuvo un pasado colonial, quitando el breve intervalo en que la Italia fascista de Mussolini se apoderó del territorio en 1936 para que formara parte de la efímera África Oriental Italiana hasta la Guerra Mundial.

Etiopía, de religión mayoritaria cristiana copta, era el reino fantástico del Preste Juan de la Edad Media. En el siglo XVI y XVII el hilo de su historia se cruzó con Portugal y su ruta hacia la especiería, y por ende con España, desde la unión de las dos coronas en 1580 y hasta 1640. Aquel reino cristiano en medio del mundo musulmán se antojaba en la época un aliado deseable. Eso facilitó que la Compañía de Jesús, dentro de la labor misionera que le llevara a Japón, China o la India, también arribara a Etiopía para traer a esos cristianos cismáticos a la obediencia romana.

El jesuita español Pedro Páez, 1564-1622, llevando a cabo una de las más extraordinarias hazañas, tanto para llegar a Etiopía (capturado por piratas, sometido a duras privaciones, recorriendo los desiertos del actual Yemen), como una vez allí a partir de 1603, logró finalmente la conversión de los emperadores etíopes del monofisismo copto al catolicismo. Sin embargo, a la muerte de Páez, la intransigencia y torpeza del sucesor de la Compañía haría que la situación revirtiera a su estado original. Este aparente fracaso no empequeñece la gesta de Páez, y su aventura, de verdadero héroe, y su labor descriptiva de la realidad etíope de la época es hoy día testimonio histórico y geográfico de inigualable valor.

Durante el tiempo de Páez, y por su mediación, los emperadores etíopes, principalmente Susinios, y Felipe III rey de España y Portugal llegaron a intercambiarse cartas. Aquellos pidiéndole ayuda militar, e incluso “a su hija para casarse con nuestro hijo”, pero Felipe III, acuciado por otros problemas, le contestaba muy cordialmente pero sin realmente comprometerse: ”y en cuanto a la ayuda que pedís (…) bien debéis haber entendido las ocupaciones precisas en que, de presente, se halla la gente de guerra que allí [la India] me está sirviendo. Y con todo, podéis estar seguro de que, dando ellas ocasión, os dará [el virrey de la India] en esta materia toda la satisfacción que pueda ser (…)”.

Contemplar las fuentes del Nilo Azul tuvieron su importancia para Páez. Dirá en su Historia de Etiopía (Capítulo XXVI, Libro I): “Está la fuente casi al poniente de aquel reino, en la cabeza de un pequeño valle que se forma en un campo grande. Y el 21 de abril de 1618, cuando yo llegué a verla, no parecían más que dos ojos redondos de cuatro palmos de ancho. Y confieso que me alegré de ver lo que tanto desearon ver antiguamente el rey Ciro y su hijo Cambises, el Gran Alejandro y el famoso Julio César”, y describe el río con una precisión de geógrafo que siglos después sería verificada. Con todo, para él, sin duda, lo más importante era su labor misionera.

Dirá de su llegada a Fremoná en Etiopía después del primer intento fallido que acabara con su cautivero y de tantas peripecias, y donde se reunía con otros jesuitas que ya estaban allí: “(…) llegamos el 15 de mayo de 1603 a su término, tan deseado, que era Fremoná, que así se llama el lugar donde está la primera iglesia de los portugueses y, enterado en ella, el padre patriarca Andrés de Oviedo, y los demás padres, sus compañeros. Y antes de entrar, me vestí la loba y me puse el manteo y el birrete, que hasta entonces había traído escondido. Estaba esperándome en la entrada del lugar mucha gente, que, así que me vieron, levantaron un gran griterío en señal de alegría, y unos se golpeaban en el pecho, otros besaban el suelo, derramando muchas lágrimas y dando gracias a Dios, que fue servido de traerme, librándome de tantos peligros, como ellos saben que hay por donde vine. Entramos todos en la iglesia y, después de hacer oración, les dije brevemente, por un intérprete, que venía a acompañarlos y servirlos, y que daba por bien empleados todos los trabajos que había tenido en el camino al verme con gente que, entre los que no obedecían a la Iglesia romana, conservaba fielmente su fe y doctrina y mostraba tanta devoción”.

Javier Reverte imagina al Padre Páez en los últimos días de su vida entonando postreramente el “Nunc dimittis”, el himno evangélico de Simeón en la presentación del Señor como luz del mundo, que según Reverte equivale a un “nunca te rindas”. El “Nunc dimittis” siempre ha sido un cántico habitual de las personas consagradas, que se consideran siervos de Dios:

Nunc dimittis servum tuum, Domine, secundum verbum tuum in pace: Quia viderunt oculi mei salutare tuum; Quod parasti ante faciem omnium populorum: Lumen ad revelationem gentium, et gloriam plebis tuae Israel.

Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

Pero para Pedro Páez seguramente “Nunc dimittis” tenía un significado más profundo que no rendirse nunca, significaba estar al servicio de una fe. Páez fue un hombre aventurero que nunca se rindió, pero sobre todo fue un religioso que realizó hazañas admirables movido por su fe y con la humildad de sentirse al servicio de una causa más honda.

En cualquier caso, la gesta realizada por este hombre excepcional no debe quedar en el olvido ya más.Historia_de_Etiopía

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